jueves, 30 de mayo de 2013

Encuentro en tacones. Respuestas que deberíamos tener en cuenta.




— Mira que tienes preguntas estúpidas, pero esta se lleva la palma, no sé cómo te aguantamos, ¡rubia de las narices! — Dijo cabreada Karol mientras ojeaba una revista de arte.
— No solo es una pregunta, es ¡la pregunta! Vosotras no sabéis lo que significa y la importancia que tiene saber la respuesta, y si lo pensáis un momento seguro que os decidíais, pero el problema llega cuando te la hacen y no tienes tiempo de pensar la respuesta, y luego puedes arrepentirte el resto de tu vida de la decisión apresurada que hayas tomado— contestó Irene afilando uno de los cuchillos de la cocina para usarlo después con la carne que echaría a la olla.
— Miradla, en serio se piensa que es tan importante y trascendental la puta pregunta, esta chica cada día está más grillada— siguió So refiriéndose a Irene.
— Es importante, creedme.
— Yo lo que digo es que no es una pregunta que se le tenga que hacer a las mujeres, eso hay que preguntárselo a los hombres, aunque tampoco veo con qué motivo, la verdad— dijo Alicia mirando por la ventana y desnudando con los ojos al vecino de enfrente.
— Yo ya lo he decidido, mi respuesta es: tetas— contestó Regina, dejando al resto de amigas con la boca abierta—. No me miréis así, si hay que contestar, contesto.
— No vale, tienes que especificar el porqué de tu respuesta— dijo Irene ahora más animada al ver que una de ellas le hacía caso.
— ¡Encuesta, encuesta! Yo también quiero, me encantan las encuestas, ¿qué hay qué contestar? — Preguntó Connie al entrar al salón.
— No es una encuesta, es una sola pregunta y ni siquiera tiene sentido, así que no te emociones rubia— dijo So mientras se acercaba a la ventana por petición de Alicia.
— Connie, la pregunta es la siguiente: ¿Qué prefieres, culo o tetas? — Dijo Irene con una sonrisa en los labios.
— Ah, pues sí que es una pregunta rara, pero yo prefiero culo, por supuesto— contestó Connie mientras se le arrugaba la frente al concentrarse.
— Y ahora me tienes que decir porqué elegiste culo.
— Pero ¿en serio le estáis siguiendo el juego? — Dijo Karol acercándose a So y Alicia.
— Pues sí que está bueno, sí— habló So.
— Ya te digo y además con algo dentro de la cabeza y los pantalones, espiritual…— siguió Alicia.
— Claro, es mejor estar mirando al tipo de enfrente que hacerme caso y contestar una pregunta sin importancia— se cabreó Irene con sus tres amigas asomadas hasta la cintura por la ventana.
— Pues yo creo que las tetas son más llamativas, supongo que por eso he respondido tetas, además el culo pasa desapercibido muchas veces, más si estás sentada, pero las tetas…— dijo Regina en esos momentos.
— Yo creo que no, un buen culo, es un buen culo, sujetadores que te pongan las tetas grandes y en su sitio hay miles, pero si tienes el culo fofo no lo soluciona ni una escapada al monte más alto y empinado— le debatió Connie.
— Pero es que esa no es la mentalidad, va mucho más allá de lo que pensáis, es mucho más profundo el razonamiento— dijo Irene, concentrada de nuevo en su juego.
— Menudos músculos tiene el pobrecito, ¿seguro que no es de esos que se miran más al espejo que a la chica que tienen en frente? — Preguntó Karol mientras babeaba por el vecinito.
— Las tetas son las tetas nena, si las tienes igual que dos higos chunbos no hay sujetador que solucione eso— dijo Regina tocándose las suyas con ambas manos.
— Eso es porque no conocéis los pantalones colombianos, ahora vienen también con Push-up para realzar las nalgas, así que con ambas cosas se engaña al personal— dijo So sin mirar dentro de la habitación.
— ¿Pero se puede saber de qué coño estáis hablando? Que la pregunta no iba por ahí, si es que hay que contároslo todo, ains…— suspiró Irene frustrada.
— Y dices que solo tiene veintiocho añitos, vaya, pues parece mayor, no mayor de viejo, si no más maduro, tú me entiendes— siguió Karol a lo suyo.
— Espera que os traigo uno de los pantalones que me compré el otro día, creo que es de esos que habla So, porque me sienta como un guante— Connie salió hacia su dormitorio como un rayo.
— Sí, lo cierto es que es muy formal y elegante, con esos jerseys de cuello alto y los pantalones de vestir, pero si se tiene que poner en plan fiera… vamos que no duda en hacerte el helicóptero él solito— aclaró Alicia.

— Os lo explicaré de una manera más sencilla—cortó Irene la conversación de sus amigas—, imaginad que hay que elegir qué órganos o partes de vuestro cuerpo donar, o que os rapta un degenerado y os dice que vais ha cortar un trozo de vuestr carne, al más puro estilo del Mercader de Venecia, quizás os propongan acostaros con otra tía y ella os da a elegir qué meteros primero en la boca, o puede que sea un hombre el que quiera jugar con vuestro cuerpo y la regla del juego diga que solo lo puede hacer con una sola parte de vuestra anatomía; ahora pensad que sois hombres, y vuestras parejas/mujeres/amantes os dicen que podéis entreteneros lo que quieras con ellas, pero solo con un rinconcito, dándoos a elegir los pechos o el culo. Total, que saber qué parte es la más importante, la que más os gusta, la que más os excita, os duele, os preocupa, o lo que sea, es algo primordial, así que pensad bien la respuesta porque en cualquier de esas hipotéticas/ficticias/probablemente imposibles situaciones, tendréis que saber muy bien lo que escoger, culo o tetas.
Las cinco amigas de Irene se quedaron paralizadas, con la boca y los ojos muy abiertos, contemplando a la rubia con preocupación y sorpresa. Definitivamente había perdido la cabeza por completo.
En esos momentos el timbre de la puerta sonó y al ver Irene que sus amigas estaban en estado de shock, fue ella hasta la entrada. Un hombre alto, musculoso y moreno la miraba de arriba abajo, reparando en el cuchillo que la rubia tenía en la mano.
— Hola, guapetón, si quieres entrar deberás escoger entre culo o tetas. ¿Qué me cuentas, nene?
El chico tartamudeó unos segundos y dijo con palabras entrecortadas:
— Yoyo… soso lo… veve nía… a bubus car… a Alicia.
— Pues o te decides por las tetas o el culo, o aquí no entras, preciosidad.











Quería aprovechar este espacio para dejar una pequeña información personal, por si a alguien le interesa :D
Este próximo lunes día 3 de junio, estaré firmando mi libro “Sé que estás ahí” en la Feria del libro de Madrid, en la caseta número 118 de la Librería Marabunta, de 18.00 a 19.00 horas, para los que quieran pasar a verme un ratito.

Muchas gracias amores y feliz semana!!!











   Y mañana y mucho mejor, tenemos a nuestra rubia loca, nuestra taconera más dulce, la escritora más talentosa y la mujer más maravillosa que os podéis encontrar: Connie y sus consejos de qué hacer antes de los 30!!!!


martes, 28 de mayo de 2013

LA MOTA ROSA: Burn out




Agotarse es quemarse.

Exprimir demasiado es terminar tirando el zumo. Exigirse más allá de las posibilidades, un error. Pero como nadie nos lo explica cuando nos sueltan en esta marabunta de locura que es la vida profesional de hoy día, con sus estreses, con sus carreras, con sus comer de pie... pensamos y nos convencemos de que es la actitud adecuada y tiramos con ella encima como podemos. Es más, nos decimos a nosotros mismos, en cuanto tenemos oportunidad, que si queremos conseguir algo hemos de trabajar de este modo, porque de otro las cosas no funcionan, que no darse a tope es de vagos, maleantes y malos profesionales.

En fin, las taconeras no estábamos a salvo de estas epidemias, no en vano, somos chicas de hoy día.

Y tan de hoy.

Así que con una actualización diaria de nuestro queridísimo blog, nuestros blogs personales (medio abandonados), nuestras carreras en continuo desarrollo y nuestras vidas personales y profesionales (que también tenemos) reclamando una pizca de atención, hemos llegado a la extenuación y no queremos dejaros por causa de fallecimiento. Ya no es solo cuestión de calidad (que lo es), es cuestión de tiempo. Algo material y fácilmente entendible. Somos personas y no damos abasto.

Ya lo he dicho.

Y después de pensarlo, reflexionar, sopesar pros y contras, hemos decidido seguir con vosotros (porque lo valéis) pero con una entrada semanal que asumirá una taconera, cada vez, por riguroso orden. ¿A que no está mal? ¿A que os acostumbraréis?

Queremos seguir en la brecha y nos encantaría que nos echáseis de menos. Las entradas tendrán más recorrido, dispondréis de más días (7 en concreto) para leer y comentar. En fin, puede que todos salgamos ganando.

Hay un dicho que reza: "Antes morir que perder la vida". Eso digo yo.

Un saludo, muchos besos y un "hasta que me toque".


Por cierto, aprovecho para recordaros que mi nueva novela, "QuiérOme mucho" sale a la venta el próximo 3 de junio y que servidora estará en la feria del libro de Madrid el sábado 8 y el domingo 9 de junio, a vuestra entera disposición. El horario es el siguiente:

SABADO 8
13-14h caseta Versatil 214
20-21h caseta UdL 36

DOMINGO 9
13-14h caseta Versátil 214

¡¡Os espero con los brazos abiertooooooooos!!


lunes, 27 de mayo de 2013

From my blonde mind: Despertar como una princesa.

Hace ya casi quince días, de madrugada,  estaba leyendo El temor de un hombre sabio del Routhffus y me dio un flush. Que me diera no tiene nada que ver con el pobre Routhffus, que es muy entretenido, lo que pasa es que me di cuenta de que llevaba mucho tiempo delante del PC y eso bueno no puede ser. El flush es la forma bonita de decir  «venazo» así que salí de la cama y me enganché al móvil.  Al rato tenían un con quien y una maleta a medio hacer.  Nos plantamos en Atocha a esa hora en la que los pajaritos aún tienen legañas y en los bares solo hay barrenderos, azafatas y esos señores que no se sabe muy bien qué hacen pero que se enganchan al Soberano cuando las tragaperras todavía hacen gárgaras de despertarse.

Una de las cosas buenas de Madrid es que todos los caminos llegan hasta aquí, así que nos metimos en el primer tren que vimos abierto para disfrutar de la bonita experiencia que es viajar sobre las vías viendo el paisaje. Se nos acabó pronto la peseta, en menos de cuarenta y cinco minutos  llegamos a lo que era el final de esa línea. Me coloqué mis flamantes ray-ban nuevas para leer el cartel del nombre de la estación  y leí acojonada:
Cuenca.

Luego corrí al baño de la estación, que es salir de casa y es estar una licuándose con ansia viva.
Cuenca. ¿Qué coño hago yo en cuenca a las 7:30 de la mañana?
Cuenca no es un destino, en todo caso es un lugar de paso. Conozco una rubia que tiene raíces por ahí pero nunca me ha contado mucho sobre la ciudad. Una vez meada, pensé qué sabía yo de Cuenca y la respuesta que me dio my blonde mind fue que lo que sabía era que soy una paleta de Madrid. Que solo recordaba Casas Colgantes, Ciudad Encantada y zarajo.

Cuenca, la nueva, el llano, es muy fea, pero fea de narices. Con aire de ciudad provinciana que da asco pena y en la que los comercios cierran a la hora de comer aunque sean de cadena multinacional. La gente conduce muy despacito y todavía hay carteles en los que pone «ultramarinos».
Pero hay otra Cuenca. Está encaramada en un risco, donde estaba la auténtica Cuenca. Llegar hasta ella se puede hacer de dos maneras: la normal que es cogiendo el autobús de la línea 1 o 2 y que te planta en el Castillo en diez minutos de curvas y vericuetos, o la cojonuda que es la que te permite ir fumando y arrastrando el troley hasta que te das cuenta que para subir al centro histórico es necesario trepar cual lagartija por calles de empedrado medieval. Esto es muy bueno para el culo y muy malo para el hombro de arrastre, además el cigarro se te hace largo.

Lo primero de lo que te percatas en la Cuenca verdadera es que el que la hizo era gilipollas o era un genio. La ciudad está torcida, pero torcida de no poder llevar tacones. Está torcida por todos los lados, mires donde mires hay cuestas y escaleras y siempre, siempre van hacia arriba. Cualquier camino que tomes termina en el tajo, una caída de unos treinta cuatro metros (con más o menos botes). Lo segundo  que  adviertes es que no hay hoteles, hay hostales.
He tenido experiencias muy complicadas en hostales, he pasado noches de mucho miedo y repulsión en hostales e incluso en hoteles de unos, dos o tres luceros. Recuerdo uno en Toledo en el que me tenía que pelear por la manta con una cucaracha y la cabrona jugaba en casa.
Con miedito entramos en el hostal San Martin y escuché en mi interior: «Paleta de Madrid, paleta de Madrid.» Porque el hostal San Martín es una chulada de maderas, pantallas de plasma, cerámica y cristal metida en el cascaron del siglo XV que es el edificio remodelado de arriba abajo. No nos quedamos allí, nos ofrecieron ir a la Hostelería de Cuenca que quedaba un poco más arriba, nos iba a gustar más y valía el doble. Con esto último no hubo problemas porque nos dejaron las habitaciones al mismo precio.

La Hostelería de Cuenca tiene una sobria  fachada a pie de calle (en cuesta)  que no te prepara para un interior cálido, funcional, elegante y de auténtico lujo. Sus tres plantas son  un laberinto de escaleras y rincones  chulísimos en la que te meten un aljibe del siglo X al lado de un rincón de lectura con wifi y la biblioteca de literatura universal de la colección de El País.
María (que de la misma Cuenca no es por el acentazo y porque tiene un porte de curranta soviética del metal que mola un montón) es un encanto de mujer que gestiona el local ella sola y que realiza todas las funciones teniéndolo todo como los chorros del oro y siendo un cielo de nena. Nos dio de desayunar bollería variada, tostadas con tomate y aceite, mermeladas y mantequilla, zumo de naranja natural y café. Luego nos registró y nos dio a elegir habitación. Cada habitación es distinta (porque en Cuenca las líneas rectas son un pecado), pero todas están puestas con un buen gusto personal que se agradece mucho después de haber visto mil cuartos de renta decorados todos con muebles de Ikea. Cuando me abrió la tercera me enamoré. La suite tiene unos veinte metros cuadrados (baño completo con hidromasaje aparte) un pequeño balconcito que da a la calle San Pedro y una cama kingsize con estructura de madera de teca de cuatro soportes cruzados de los que cuelga un dosel.
Eso negro es mi bolso, mú propio :P

Yo soy mucho de cama con  dosel. Me reí como una tonta  mientras pensaba cómo meter aquel mueble en el bolso (por el recuerdo y eso).
Una vez instaladas buscamos la oficina de Turismo del Consistorio, esta está en la Plaza Mayor, debajo del Ayuntamiento que está encamarado en un pasaje a la entrada de la propia plaza.
Allí conocimos a Guillermo que es un guía oficial (nada de imitación china) de la ciudad, que lo pone en una etiqueta de identificación que se colocó tres veces mal. Guillermo vale su peso en oro, se sabe todo lo del mundo sobre la ciudad, historia, economía, leyendas, clima, arquitectura, sitios para comer, con quién anda la nena del panadero…

La visita al casco histórico dura dos horas pero él nos regaló una más en la que nos habló de la fundación musulmana  de la ciudad, de su toma por Alfonso VIII en el siglo X, del crisol de culturas que fue,  de la mesta de la lana y su poder en el siglo XIV, de la capacidad económica del cabildo ante un ayuntamiento en quiebra técnica desde el siglo XII pero con el tercer patrimonio forestal a nivel mundial. Nos contó que Cuenca no podía crecer a causa de su situación geográfica así que fue una de las ciudades medievales más pobladas del mundo. En pleno siglo XIII tenía casas particulares de catorce plantas, no eran rascacielos porque siete y ocho estaban por debajo del nivel del suelo y ancladas a la roca. La catedral de Cuenca es del siglo XII, es de estilo gótico primitivo lo que es imposible. A ver, posible es porque el tocón está ahí, pero por fechas y geografía una «Notredame» en miniatura no puede estar ahí encaramada. Esto trae de cabeza a franceses, ingleses y alemanes que, claro, tiran de que fue gracias a Leonor de Aquitania que esta pieza existe.

Cuenca fue una ciudad condenada a entenderse dentro de sus murallas, las guerrillas entre familias acomodadas era frecuentes y por eso las fachadas y portales recuerdan más a fortalezas que a palacios. Había fusileras en cada esquina y se utilizaba la daga pues lo estrecho de las vías no permitía el uso de la espada.

Con todo esto terminó Isabel la Católica, (no la Jenner, no , la Isa buena, buena, que debía ser fina) que hizo abrir las casas para que ninguno se le pusiera farruco y desmontó el castillo del que solo queda el parapeto exterior que quedo como muro de defensa de la ciudad. El contrapeso primigenia  de esta construcción, la alcazaba, está siendo ahora desenterrada pero solo quedan ruinas. Guillermo nos contó que Cuenca no tiene patrimonio arqueológico porque allí no hay manera humana de enterrar nada, el suelo es roca viva así que hay sillares y muros y columnas que están ahí desde el siglo XI.
Esto hace que se encuentren marcas de batallas, duelos y guerras en las paredes. Cuenca resistió con tan solo seiscientos hombres el asalto del ejercito Carlista en. Los carlistas perdieron tres mil efectivos. La sangre subía hasta los tejados. Solo había una forma de tomar la ciudad y era avanzando por la calle san Pedro, cuesta arriba, con un ancho de poco más de cinco metros. La resistencia iba dinamitando las fachadas creando al instante barricadas que flanqueaban cañones. Debió ser una matanza de pollos. Se terminó cuando uno de los cañones, recalentados, reventó. He tocado  la muesca que hizo en la piedra.
La guerra de la Independencia y el Empecinado marcaron la ciudad con sangre francesa y la Guerra Civil unió la Cuenca subterránea de sótanos particulares con refugios antiaéreos. De estos últimos hay uno visitable que impresiona.

El centro está plagado de monjas  (la urbe llegó a tener treinta cuatro conventos en un espacio de cuatro manzanas) entre ellas las adoratrices de Cristo que dan poquito de miedo vestidas de blanco y con velo. También tiene dos seminarios. Gritar «guapo, tiarrón» a un nene que va a jurar los votos es siempre divertido.
El museo de arte contemporáneo merece ser visitado simplemente por ver la laberíntica distribución del inmueble. Lo de dentro ya… el otro museo anacrónico con el resto, es el de la Ciencia. Es muy divertido, el nuevo concepto de museo este de educación interactiva, repleto de paneles táctiles, exposiciones que puedes tocar y recreaciones curiosas. Hay maquinaria renacentista a tamaño gigante, una réplica de un  módulo de la estación espacial y un pollo dinosaurio.
Para comer está muy bien El Secreto, donde saben preparar la carne, pero las terrazas de la Plaza Mayor son más asequibles y valen. Más allá del Castillo, en una zona que se ve de urbanización moderna está La Parada, que tiene precios de barrió y cocina maja. Las tapas son muy apañadas, no merece bajar al llano para comer.
Al fondo a la derecha estoy yo haciendo topless, que había salido el sol.

La gente con la que he tratado allí me ha parecido majísima, con unos conocimientos y profesionalidad que se salen del negocio del turismo y se meten en la vocación de estudio y divulgación. Muy, muy de agradecer.
Destino céntrico, alojamientos maravillosos, los accesos a los lugares son gratuitos con carnet de facultad  o a precios asequibles, en general todo es barato y no está masificado.
Me dejo unas quince mil palabras por contar y me tuve que dejar mi cama con dosel de princesa.

Necesitaba  reencontrarme con la antigua piedra para poder seguir  tecleando en moderno plástico. Ahora quiero más.
Es la jodida canción del camino que se te mete en las venas. 
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Vosotros también queréis más y lo tenéis mañana con Regina Roman que trae la Mota Rosa, y recién pasada por la pelu. No ha colgado fotos así que lo mismo se ha hecho un cristo.



martes, 21 de mayo de 2013

LA MOTA ROSA: 40ñeras la serie




 Me vais a permitir que la entrada de esta semana sea un poquito especial. Bien es cierto que yo había hecho mis deberes y que tenía otra preparada pero no sería justo dejar pasar la semana del estreno on line del capítulo de lanzamiento de 40ñeras, la serie, sin dedicarle un espacio por humilde que este sea.

La serie se basa en mi 2ª novela, "Cuarentañeras", y es, como no me canso de decir, un canto a una filosofía de vida: la de hacerse viejo cuando uno lo permita, la de no ponerse más trabas de las necesarias en nombre de la edad, la de no dejar de intentarlo pensando que "ya es demasiado tarde". Nunca, jamás es demasiado tarde. Mientras se está vivo se puede si se quiere.

Por mor de unas carcajadas oídas en el cuarto vecino, la novela cayó en manos de un director que se enamoró de ella y que enseguida la concibió como una serie de TV. Y así se ha rodado este primer capítulo que ahora se estrena (y que vio la luz el pasado 26 de abril en el Festival de cine de Málaga), con cámaras y calidad de televisión, aunque de momento, el canal de distribución utilizado para ponerlo a disposición de todo aquel que quiera pasar un buen rato, sea internet.




¿Y por qué? Preguntaréis, como yo me pregunté en su día. Pues porque "40ñeras la serie", como producto, no solo se limita a contar una historia y a garantizar unas risas y un rato de sano entretenimiento: es el vehículo ideal para destacar la belleza de la ciudad de Málaga (capital y provincia), su luz incomparable, sus colores, sus playas, museos y jardines, sus locales... como destino cultural y turístico. Desde ese punto de vista, someterlo a las rigurosidades de un canal de televisión, le cortaría las alas. Este primer capítulo, ya en su primer día, ha llegado a Argentina, Venezuela, San Juan de Puerto Rico y Mexico (que sepamos, porque nos han mandado sus gentiles comentarios y sus ánimos a través de Facebook). A ellos llega sin traba alguna por idioma pero piensan subtitularlos en inglés, francés, alemán e italiano (por el momento) y parece que algo se habla de los países orientales. 




El horario, el día, será el que os venga bien. El formato (TV, PC, IPad, móvil...) el que vosotros elijáis. Libertad de disfrute, libertad de movimiento. Es una serie respetuosa, de humor blanco con fuertes guiños genuínamente castizos, elaborada con tremendo cariño, mucho esfuerzo y enorme voluntad.

Dicho lo cual, solo me queda desearos divertimento y que nos ayudéis a continuar, compartiendo, promocionando, haciéndola llegar a vuestros amigos y contactos. Querríamos todos que las 40ñeras tuviesen "tacones" para rato.

 Capítulo de lanzamiento disponible en:


 http://www.40neras.es/


Y mañana dicen que es miércoles. Y yo no me lo creeré hasta que vea salir del horno las galletas de siempre, las de Alicia Pérez Gil.


viernes, 17 de mayo de 2013

¿Qué hacer antes de los 30? Me han pillado...





Planeando, planeando… 

 Vale, lo confieso no se me ocurre nada de nada. ¡Uff!

En una semana termina mi mes de prueba en la oficina y si todo marcha viento en popa puede que consiga el trabajo, no gozaré de un sueldazo pero ¡oye! tendré mis euritos mensuales para cubrir gastos y…

…algunas deudas,

…unas cuantas tarjetas,  

…y otros pocos prestamos exprés de mis padres.

¡Voy a llorar!

¿Si todo marcha viento en popa?  Ay, mi nueva compañera Ana, Ana la perfecta.

Me ha pillado mirando su móvil, pero tenía que descubrir si ella era una espía.

La verdad es que me miré todas las conversaciones que tiene con un tal Carlos, soy una cotilla perdida lo sé, pero creo que él está casado, ahora me falta descubrir si es de la empresa y …

¡Tachán! Cara de plan maquiavélico, amenazaré  a Anita y la convertiré en mi súbita.

Es lo único que tengo para sobornarla, ella no sabe que soy una experta espiando a la gente.  

¡Mentira! Me ha pillado también abriendo su correo electrónico, muy fácil la señora a media mañana abandona su puesto de trabajo y se va a por un café, unos veinte minutos, todos los días.

¡La odio!
No me invita.

¿Viento en popa?

Me han pillado tres veces fumando en la oficina, no sé por qué a determinados empleados les está prohibido, he visto ceniceros con colillas en muchas salas y despachos.

¡A los nuevos, no! ¡Vaya discriminación!

Ana me habla enarcando una ceja poco depilada, la odio.

Me manda siempre de paseo, pienso que no soporta compartir despacho conmigo.

Hoy se lo digo.

Hoy se lo explico.

                                                                    ****

―Ana.  

―Ahora no puedo, estoy ocupada.

―Pero, es un momento antes que vayas a por tu bendito café.

―Perdona, yo nunca me voy a por café, son reuniones laborales.  

Esta tipeja es una mentirosa compulsiva, estoy a punto de vomitar sobre su ordenador.

―Ana tienes razón, no te molesto.

―Sí, sigue trabajando que esta tarde te toca ordenar el archivo. Antes que termines el mes por lo menos dejarás la oficina en condiciones.

Será hija de pu…

―Ana conozco a Carlos y su mujer, su mujer, ella es mi amiga.

Silencio, le tiembla el parpado, aprieta los labios, va a decir una palabra, se lo piensa, frunce el ceño, abre sus manos como si estuviera por hablar, se lo piensa, silencio.

―Sí, ―añado enfadada ―. Me parece una falta de respeto lo que estáis haciendo, estoy dispuesta a hablar con mi amiga esta misma tarde.

―¡Cálmate mujer! Ven, bajemos juntas a por un café.

―¿A una reunión querrás decir, no?

Continuará…

jueves, 16 de mayo de 2013

Encuentro en tacones. Si de escribir se trata…. escribamos



Después de proyectos fallidos, de catarros que te inutilizan las neuronas, de algún que otro pedo en ocasiones poco acertadas, saber que tu vecina del quinto ya no usa condón y pronto te regalará noches de ensueño y berridos cojonudos, algún que otro premio en el palo de un polo, escuchar como rugen tus tripas mientras miras la tarta de manzana que no probarás, escupir para arriba pensando que la gravedad hoy ha cambiado de idea, que te engañen con manipulaciones y falsas identidades, desertar de la clase de baile porque tienes una ampolla en el dedo pequeño del pie derecho por llevar unos tacones que no te tenías que haber puesto para esa boda a la que no tenías que haber ido (respira que no había comas), escribir una carta tres mil veces y borrarla antes de enviarla porque sabes que la respuesta, si hubiera o hubiese, no te va ha gustar, calentar por decimoquinta vez la sopa del cuenco, a sabiendas que terminarás tirándola por el retrete porque ya está incomestible, pero sigues calentándola, sigues observando cómo hace burbujitas el líquido amarillento y reseco en los bordes, y sigues riéndote como una idiota cuando una de esas burbujas salpica contra la puerta del microondas, tocarte ese grano del moflete que tenía que haberse curado hace días, pero ahí sigue el cabrón, meter el cepillo en tu pelo y saber que va ha doler, que dolerá mucho, que sentirás los folículos capilares quejarse y alguno dejará que el pelo se quede para siempre entre las cedras del peine ¡que cabrón el puto enredo! 

Salir a la calle vestida de la Princesa Leia y no saber si llevas el traje de esclava o el de princesa, lo único que tienes claro es que vas en plan comando, así, sin braguitas y con el escaso pelo de la depilación brasileña que te has hecho, sintiendo el airecito al andar despreocupada, quizás deberías tomar algo de chocolate, del dulce, no del otro, o mejor todavía, quizás deberías llamar a tus amigas y dejar de ser tan gilipollas, echarte unas risas con un par o docenas de margaritas de esos con sal en el borde de la copa, que te da asco, pero sin la sal no es lo mismo, reírte de quien use calcetines blancos con zapatos de vestir negros, o de ese subnormal que miraba tu escote mientras babeaba en el autobús mientras respiraba pausadamente y te decía: si fueses un bombón…. Hay piropos que merecen hostias a mano abierta. Puede que luego de un rato consigas explicarle a tu amigo que no tienes internet, aunque él se obstine en decir que es imposible porque la conversación que tenéis es por chat (hay hombres que no se enteran de la tostá), hasta puede que así sin querer, ni poder remediarlo, consigas escribir una historia con la que la gente se divierta y no tenga dolor de cabeza durante una semana, cosa que dudo, pero lo mismo hasta te sale bien y todo, la vida es tan extraña a veces…. Ahora que conseguiste poner orden dentro de tu armario de tres puertas lleno de ropa que te queda grande, como el traje de Rosa de España en la última gala de operación Triunfo, sabrás que detrás de toda esa ropa pasada de moda está el camisón de tu noche de bodas, ese que jamás estrenaste porque para lo que iba a durar es mejor no estropearlo, o te des cuenta de que los tickets que guardas de la feria del año pasado no sirven para la feria de este año, más que nada porque lo más seguro es que los de los cochecitos no sean las mismas personas, pero conservas la ilusión de poderte montar con tu prima la de Cuenca, a la que demasiadas veces le han puesto mirando para su dulce hogar. 

Será mejor que desconectes de una vez el calefactor, hay ocasiones en las que el aire frío mejora un poco la capacidad neuronal, y tú en estos momentos necesitas una buena dosis de electrochoque para colocar todas esas ideas absurdas que pasan por tu cabeza, hasta la obstinación que tienes últimamente con eso de soñar con espaguetis, en serio, que no es bueno ni recomendable, ya se fue, ya no está, ya nada quedó de aquellos días en los que el gato frente a tu ventana restregaba el lomo por la repisa y te guiñaba un ojo con picardía, ah, no, que no era un gato. Pues eso, que mejor contar todos los imanes de la nevera y tirar a tomar por culo la sopa eyaculada, me están empezando a dar arcadas de solo mirarla, que asco por favor, mira que hay que tener valor para volver a dar a la teclita de calentar, estás enferma.
Sí, definitivamente, estoy enferma…. Y sin Internet, Enjuto Mojamuto!!!!!!











Mañana y mucho más cuerda, o eso esperamos todos, incluidos nuestros cerebros desechos tras la entrada... viene nuestra preciosa Connie, a esta chica de pelo rubio y ojos que enamoran sí que hay que hacerle caso ^^


lunes, 13 de mayo de 2013

LA MOTA ROSA: hablar con el espejo




Cuando digo hablar con el espejo me refiero al acto (sublime) de conversar con el propio yo. Sí, es sano. No, no es estar majareta ni para que te encierren. ¿No has oído miles de veces a esa vocecita que te chilla y te dice cosas en tu conciencia? Llámalo como te dé la gana, yo lo llamo Pepito Grillo desde tiempos inmemorables. Bueno, no, desde que vi la película de Pinocho y me quedé mosca convencida de que, como la mayoría de los cuentos y fábulas en apariencia infantiles, oculta una tenebrosa moraleja y un mensaje que se me escapa.
A lo que voy, que divago y me convierto en la reina del irse por los cerros de Úbeda. Lo aceptes o no, esa vocecita la tenemos todos. Y suponiendo que la escuches, que es lo mejor que podemos hacer, te propongo que contabilices las veces que sus frases, protestas y consejos son amables.

Yo te lo diré: un 3% de las ocasiones.






Siendo tremendamente generosa.

¿Y por qué? Porque somos duros y exigentes con nosotros mismos, porque nos hablamos como jamás nos atreveríamos a recriminar a un conocido, porque nos echamos en cara cosas que perdonaríamos a otro sin dudar. Eso hace de nosotros nuestro peor enemigo.

Recapitulemos entonces: ¿Somos nuestro mejor amigo o todo lo contrario?

Si lo pensamos despacio, estaremos de acuerdo en que a gritos y a ofensas, nadie aprende. No se nos ocurriría corregir a una amiga que ha cometido un error a base de aullidos de dragón cabreado pero sí lo hacemos con nosotros mismos. Pobres niños escondidos en nuestro interior, siempre asustados, atemorizados e intimidados por un sinfín de reproches y poquísima comprensión.

 
Tendremos, pues, que aprender a hablarnos con dulzura, con cariño, a reprender nuestras equivocadas acciones desde el interés y el amor. Sin censuras, sin rencores porque errar es aprender, porque no hay que ser perfectos, porque hacerlo con voluntad y lo mejor que se puede y sabe, ya es hacer lo máximo. Se supone que debes alentarte con buenas palabras, con mimos, con paciencia… ni más ni menos, que como mínimo, la que tendrías con un extraño.
Si después de meditarlo caes en la cuenta de que nunca lo has hecho, empieza hoy mismo. Cambia radicalmente ese tono abrupto con el que te reprochas lo que deberías haber hecho, lo que deberías haber sabido, lo que deberías haber evitado… ¡Ay, esos debería” cuantísimo daño hacen y qué poca utilidad tienen! Gana peso, gana espacio, congratúlate porque te has percatado de lo que no funcionaba, restablece las pautas de un diálogo interior amable y fructífero.

Y salúdate al espejo cada mañana y dite cosas bonitas. ¿Qué puedes perder? No perderás nada, todo lo contrario.






Y el miércoles, mi Brownie: Alicia Pérez Gil y sus galletas de la suerte. ¿Os he dicho que el Brownie es mi pastel favorito?






From my blonde mind: El conejo.


He conocido a un nene que se disfraza de conejo por internet. Los conejos en internet proliferan mucho,  Vogue ha sacado un especial, que es muy jodido y cabrón, sobre belleza 3.0; da mucho asco por muchas cosas que no vienen a cuento y trae cuatro páginas (ahí es ná) con sus fotos sobre el look de los conejos. Destacan cuatro tipos: brasileño, americano, playboy y Hollywood . También hace  una reflexión sobre el gozo en el goce y la cantidad de pelo superviviente. Pero, volvamos al nene conejo.

Este nene hace cosas con letras. Su jagtag (pollo flema cada vez que pronuncio esto) es @CorrectorEditor y este es su blog http://correccionesyeditores.blogspot.com.es/ . Ha trabajado para varias editoriales y se gana los garbanzos, la banda ancha y los slips apretaos como escritor negro, escritor de otros colores y corrector.
También hace experimentos de seguidores en redes sociales, publi y visibilidad 3.0 de esa (el eterno retorno me lleva a hablar otra vez de conejos depilados pero me contendré); en Facebook escribe cosas. Él dice que en plan profesional utiliza el Twiter, pero en Face se refleja la actividad en el otro lado y yo leo sus cosas. Como todo el mundo, dice chorradas de la envergadura de pechos de austriaco- germánicas, pero, es que eso es lo normal en las personas humanas, lo raro es que de vez en cuando nos salga algo interesante que decir. El nene conejo tiene sus momentos, según sus palabras, sobre todo de noche en la que tiene el fuaaaaa, el flow, la party y la sabrosura (bueno, va esto lo digo yo). Muchas no las entiendo por lo de ser rubia pero otras sí y molan.

Hablando con él creo que los dos conclusionamos que es mejor comprarse una furgoneta para hacer portes que dedicarse a las letras. A ver, puntualizo, si quieres tener la riñonada bien, escribe, pero si quieres comprar un par de litros de leche y un paquete de pan de molde sin corteza, haz lo de la furgoneta.

Hay mucha gente ahora mismo que escribe, por desgracia tiene tiempo libre y esto de juntar letras parece que no pero mola, así que han hecho sus cuentos, sus novelas y sus cositas y han decidido que esto merece la pena ser leído y comercializado y que ellos como autores pues tienen derecho a una retribución que se sume a la prestación de desempleo o al sueldo este de hambre al que vamos en el siglo XXI.

Hay en el imaginario popular una falsa instantánea del escritor como un triunfador  que sostiene en la diestra
billetes morados, en la siniestra modelos de biquinis semidesnudas (sí y de Hollywood), alfombra roja bajo los pies y espejos de ropero adornados de rayas de nívea pureza y ácida ambrosia. Esto es una mierda de esas que nos han vendido y que se refuerza cuando Kent Follet viene al Corte Inglés todo guapetón, bien comido y conjuntando los colores.

Escribiendo en español y siendo comercializado en España es muy complicado comer de escribir libros, mucho más de escribir tus libros y los que tú quieres escribir. Hay muchos factores que influyen en esto y van desde que aquí vamos por el Gran Hermano edición 14, que las editoriales tiene más miedo que Justin Bieber recogiendo una pastilla de jabón y que las distribuidoras, pues se dedican a sus cosas de SL y les importa el aplicador de un tampax la literatura en sí y miran sus cifras. Hay mercado, hay una industria (con sus pros y contras) pero el burro no tira más de la noria de lo que lo hace y quitando a cuatro muy buenos, con mucha suerte o con una editorial bien lustrosa que les hace funcionar a base de efectivo, pues el resto poco nos llevamos.

Un escritor se puede llegar a llevar un diez por ciento (hala, hala, hala) del precio de venta al público que se traduce en más o menos en 1 euro por libro. Hay que vender muuuuchos libros para que luzcan las ediciones agotadas una tras otra de nuestos super betsellers. Esa es la realidad, así que echad cuentas. No quiero desmoralizar a nadie pero es que me tiene muy preocupada esos nenes y nenas que miran el mail o el teléfono esperando que llegue ese mensaje que parece que les va a solucionar la vida. No, ojalá sea, de verdad lo espero, pero es que por mucho que  vosotros o yo lo queramos, salir con ediciones Mecuelgaelbadajo no nos va a quitar de madrugar o de no hacerlo y me temo que tampoco con casas más lustrosas de esas que tienen sillones de piel en las recepciones y que en verano están muy fríos por el aire acondicionado y te dejan los muslos helados, como sobaco muerto, si llevas falda.

Conozco a algunos escritores, novelistas sobre todo, que llevan muchos años escribiendo y publicando y que, obviando sus vicios caros y existencias llenas de excesos, pues tienen que seguir con sus curros porque han tocado techo (bajo, en plan abuhardillado) en esta profesión.
La literatura dignifica el hambre, igual que el circo dignificó lo de la cabra y los gitanos.

¿Entonces, So, qué hacemos para transformar las letras en números?
Pues… pues… no tengo ni puta idea y mira que me ha clavado lápices en el pelo, que es una cosa que me ayuda a pensar, porque yo tengo gustos y necesidades que necesitan de efectivo o de lo contrario se ponen mustios y lloran.
Peeeeeeeeeero in my blonde mind, ahí al fondo, entre los recuerdos de una barra libre de mojitos en Puerto Blanco, unos subrayados de El lobo estepario y la canción del opening de Ramma ½, parece que hay una idea.
Mónica Naranjo tuvo que salir de España para volver triunfante a recibir los oropeles de Noche de fiesta, joder da pereza, pero a la fuerza ahorcan. 


Mañana martes, Regi, sí, la Roman que os cuenta cosas en La Mota Rosa



jueves, 9 de mayo de 2013

Encuentro en tacones. Cómo conocí a vuestra madre...


— ¿Qué se supone que haces? — Le dijo la rubia a la morena.
— No sé, pero están muy nerviosas y no me decido dónde ponerlas.
— Creo que lo mejor será hablar con el supervisor, tomar decisiones así y equivocarnos, es lo que te deja sin trabajo luego. Es preferible molestarlo en su hora de almuerzo.
— Pues si quieres preguntarle, tendrás que ser tú la que lo haga, la última vez que fui yo casi me estampa un trozo de beicon en la cara— contestó la rubia mientras tapaba el cuerpecito de la pequeña de rizos negros.
— Ya decía yo que me tocaría la sesión de miradas asesinas.
La mujer morena de metro sesenta se acercó al hombre canoso y de malas pulgas que consumía un plato precocinado en la cafetería del hospital. Al llegar a su mesa carraspeó para que el hombre se volviera hacia ella.
— Doctor, nos hemos quedado sin sitio y no sabemos qué hacer para limpiar todas las cestas sin molestar a los…
— Ese es el problema, pues ponedlos a todos en una misma canasta y punto, no creo que sea tan difícil— contestó enfadado con el bocado aún en la boca—, y ¿se puede saber por qué tenéis que limpiarlas todas al tiempo?
— Una de las pacientes ha venido infectada de piojos y ha plagado el quirófano de ellos, además de la cesta de su criatura. Creemos que lo más conveniente es desinfectar toda la sala.
La enfermera espero una nueva contestación que no llegó, y disculpándose por la interrupción se dirigió hacia las incubadoras de nuevo.


Al llegar avisó a su compañera de turno y entre las dos cambiaron a los seis bebés que ocupaban las cunas, el séptimo, el bebé que había producido el problema de parásitos, fue trasladado a otra habitación para su limpieza y tratamiento.
Allí, en una incubadora extra grande, descansaban seis preciosas niñas, cuatro rubias y dos morenas, que se daban pequeñas pataditas las unas a las otras a modo de juego, mientras esbozaban las primeras sonrisas de sus vidas. Lo único que les faltaba para ser reconocidas, eran los tacones que les acompañarían el resto de su vida. 



(La foto se ve claramente que no tiene fotochoped, por fin nos hemos podido reunir todas para tal evento ^_^)






Y mañana como cada viernes, tenemos a nuestra preciosa Connie, con sus entradas llenas de vitalidad y risas, que siempre nos vienen genial :D

miércoles, 8 de mayo de 2013

Ya no más - Galletas de la suerte


Hola a todos:

Entrada cortita. En realidad sólo quiero decir que es mi última galleta de la suerte. No necesito 900 palabras para irme, pero dispongo de ellas, así que procuraré darles uso.

Lo dejo porque quiero. Lo que quiero hacer es dejar de escribir galletas.

Comencé porque me apetecía, porque me sentí halagada y porque creí que sería “beneficioso” para mí.  Por lo de libro recién autoeditado y esas zarandajas. Por eso y porque nunca jamás me había nadie pedido que formase parte de nada. Este era un proyecto chulo, no exigía grandes dosis de esfuerzo e imperaba  el buen rollo. Todo eso sigue vigente.

Continué porque siguió apeteciéndome.  Lo de los “beneficios” se demostró pronto que había sido un espejismo. Me lo pasaba bien, la interacción entre nosotras era divertida y agradable.
Y así han pasado once meses.

Durante todo ese tiempo nada ha perturbado la paz de los tacones, al menos por lo que yo sé. No hay problemas internos, ni piques estúpidos, ni rivalidad ni nada parecido. Nada ha cambiado desde el planteamiento incial. Yo sí. Y por eso le pongo la capucha al boli.

No quiero seguir escribiendo para nadie, ni en colaboración con nadie, ni con un timing. Lo mismo que no quiero venir a trabajar por las mañanas y a Dios pongo por testigo de que antes o después lo lograré.

He creído que quería varias cosas en mi vida: entrar en una talla 36, ser rica, hacerme famosa, formar parte de un importante movimiento, ligarme todo lo que se moviera… pero no es cierto. Intuyo que lo que quiero de verdad es mucho más sencillo y está mucho más al alcance de mi mano. Y me escornaré si hace falta para definirlo primero y conseguirlo después.

Llevo un año  dando vueltas a las mismas cosas: lo importante es lo que de verdad deseamos y quienes en realidad somos. Lo importante es amar y del amor se deriva la escucha y la comprensión. Lo importante es ser. Lo que se sea, sin tapujos; O con los menos posibles, tampoco vamos a alardear ahora de una libertad que no ejercemos.  El amor empieza por uno mismo, así que la escucha debe empezar por esa misma persona.

Es duro escucharse, porque la mayor parte de las veces no nos gusta nada lo que oímos. Al menos a mí. Por eso me rodeo de ruido de forma constante. Es un ruido bonito. Tampoco es que me llene la cabeza de cacofonías absurdas sin ton ni son. Pero ruido al fin y al cabo. Ruido que no me deja oírme.

Estoy en el proceso de cerrar ojos y oídos al ruido. Estoy en el proceso de librarme de todos los compromisos que he adquirido y que no son esenciales. Lo adelanté hace unas semanas.  Hablan los budistas del desapego. Ahí quiero llegar yo.

Quiero ser. No quiero hacer y deshacer. Sólo quiero ser. Quiero observar, me gusta. Y quiero disfrutar de la observación sin desear formar parte de eso que observo. Ese es el quid de mi perdición. Cuando veo un programa de talentos quiero hacer el casting, cuando veo un blog de fotos quiero pintar, cuando veo una mosca, quiero volar. Eso es lo sencillo para mí: seguir una corriente, la que sea. Pero estoy cansada. Cansada de eso que he hecho hasta ahora y emocionada porque puedo por fin sentarme y esperar a ver qué corriente es la mía.

Me perdería en una ermita de la montaña, pero mantengo alguno de esos compromisos de los que quiero liberarme, así que no será hoy. Será, con toda probabilidad, cuando deje de desearlo.

Sucederá también cuando me libre del anhelo correspondiente, que no necesitaré aprobación, ni palmadas en la espalda, ni público, ni halagos, ni fans, ni un fondo de armario impecable, ni un cuerpo perfecto, ni una belleza tópica. Llegará el momento en que me bastará despertarme para estar alegre por la vida. Saldré a la calle, respiraré y sabré, de verdad, no como ahora que lo intuyo nada más, que todo está bien y que ya soy perfecta porque soy.

Hasta entonces, nos vemos por estas redes. La carne es carne.

Mañana y todos los jueves, ya sabéis lo que toca. Yo vigilo...